En la madrileña Avenida de los Toreros, un inmenso edificio de ladrillo, con aire de colegio victoriano inglés, elevado en una pequeña loma, domina y centraliza el barrio de la Guindalera junto a la famosa plaza de toros de las Ventas de Madrid.

Ofrecen a sus alumnos un seguimiento personal, atendiendo a las necesidades de cada uno de ellos, adaptándose a su ritmo madurativo. Les facilitan las herramientas necesarias para el correcto desarrollo de sus capacidades y destrezas, tanto a nivel intelectual como social y moral. 

En esta primera etapa los niños, dada su curiosidad y motivación natural logran aprendizajes altamente significativos por lo que se les proporcionan espacios creativos y experimentales donde puedan dar rienda suelta a su potencial y talento individual. 

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